La fuente Amatista.
Abro las ventanas de mi cúpula verde y me adentro en este mundo fantástico que creé gracias a seres parecidos a ti, son de mil colores, mezcla inimaginable de brillo y encanto.
Me encuentro muchas veces en un gran calidoscopio, soy una minúscula partícula de color indefinido que al juntarse con otros, destella luz.
Bueno, entro en mi cúpula verde y abro las ventanas de par en par, siempre me guio por un impulso mayor que me lleva por distintos caminos. Hoy me apetecía jugar al escondite y volver a recordar lo que nunca había visto jamás, un Paco Martínez Soria con su gallinita debajo del brazo, unas chicas de la Cruz Roja, y un anuncio de Coca cola de cuando todavía no había nacido.
Me escondo detrás de las Montañas Azules para poder divisar una niña que viene hacia mí con zapatos rojos con purpurina, saltando por las baldosas amarillas. Me dicen que es del “Mago de Oz”, pero realmente no me importa, me visualizo saltando y jugando a la rachuela como lo solía hacer de niña.
Las Montañas azules son preciosas, están cargadas de sentimiento  me tiro a retozar en esa hierba tan azul, miro hacia arriba para encontrarme contemplando la Luna, desde la Bitácora de Vuelo, en este sitio todo se llena de frescura, salen las poesías a pasear y tú, solo sientes el alma revolotear cual mariposa, me quedo allí durante un ratito en ese desván tan bonito que hace crecer en mi una sensación total de plenitud.
Pero empiezo a observar y miro hacia abajo, las olas de un mar bravío me zarandean de aquí para allá, me llevan mar adentro y me encuentro volando sin querer, mis alas son doradas, suaves  y etéreas.
-Hola Carrachina me dice una costurera que está tejiendo palabras bellas de un aurea jamás vista.
¿Qué tal te encuentras en el telar de los ángeles?
Nunca pensé que los ángeles tejieran palabras y jugaran a la baraja, me estremezco, de repente aparece ante mí una gran luna azul que es como un hermoso espejo  en la cual veo mi cara reflejada, es de noche y la luz me acompaña, siempre he sido muy miedosa pero ahora mi imagen en el espejo me da un escalofrío porque no me había dado cuenta que me salieron dos alas doradas y se me cae una pluma que escribe una historia con tinta transparente en el cielo.
Empiezo a escribir un cuento que me parece preciosa y viene directa de los pensamientos con rima, ahora veo un niño con barba blanca que me habla desde un remoto rincón que tiene una fuente con una gran amatista que suelta agua sin parar y me moja toda la cara.
El niño que se llama Francisco me mira con los ojos hechos chiribitas, empieza a reírse sin parar, primero estaba triste y encogido pero cuando me ve empapada de los pies a la cabeza, las carcajadas producen un eco sin igual.
Yo le pregunto: ¿Por qué estabas triste?
Mi papá se fue y no volvió y dicen que mi mamá  marchó al cielo a recoger estrellas fugaces.
Yo empecé a caminar por las nubes y me perdí, no soy capaz de encontrar mi casa.
No estés triste le dije yo, a tu papá lo he visto yo, vive en el Mundo Animal, cuida de unas lanudas ovejitas y luego las ordeña para hacer queso.
No podía entender porque a este niño le había salido barba.
Me puse a pensar pero cuando fui a mirarlo su expresión había cambiado por completo, ya no tenía barba y jugaba alegremente con el agua de la fuente-amatista.
Regresé a mi cúpula verde y empecé a escribir en mi cuaderno de bitácora, mi amiga Lou, me dijo que tenía que reírme de mi misma si quería viajar a los confines del mundo.
Y yo le dije que no tenía sentido del humor, pero cada vez que entraba en su cuaderno me partía de risa, todo lo que me contaba era súper- simpático, me explico que sus vecinos metieron una caballería debajo de su casa, ¿te puedes imaginar Carrachina? Un piso con caballos relinchando todo el día.
Después fui hacia el Arbolito de plata que tengo y vi que le había salido una nueva hojita argéntea en su rama, además tenía nombre se llamaba Jessica, esta hojita resplandecía como ninguna.
Me quedé mirándola alucinada de tanta pureza, me contó que había visto a Diosito y le había dicho que no tuviera miedo porque ella era luz y no necesitaba dudar de la eternidad.
UUUUUYYYYYYYYYY  nunca había visto una hojita tan bella, doradita y  atenta, me cogió del pelo y me llevó al Arco Iris fugaz, los siete colores me parecieron aún más divertidos y me dio unos lápices mágicos para pintar con ella.
Yo decidí hacer un gran sol resplandeciente con boca, ojos y una sonrisa plena y ella dibujó la lluvia que chispeaba brillantina por doquier.
Al estar juntitas empezamos a elevarnos y pensamos que estábamos caminando por un sendero, pero no era eso, estábamos en el Arco Iris y mis pies se fundían en formas multicolores.
Empezamos a bailar sin parar, nuestro ritmo era a destiempo, contradictorio, si ella iba para la izquierda, yo iba hacia la derecha, si ella pegaba un salto, yo me agachaba y así todo el rato.
Nos lo pasamos increíblemente bien, el Arco iris que fue nuestro camino dibujado nos llevó a Holanda vista desde el Sur, que bello paisaje con grandes molinos de viento, nos pusimos unas madreñas risueñas que nos guiaron hasta el bosque escondido.
Nos abrazamos a los árboles y hablamos con las flores que desprendían aroma de madreselva lavanda, romero, espliego y caléndula, perdimos entonces la noción del tiempo.
No sabíamos dónde estábamos si en el Norte o en el Sur, las madreñas empezaron a reírse de nosotras y a correr de un sitio para otro, nosotras estuvimos jugando un gran rato, hasta que a lo lejos divisamos un señor que se acercaba con un rebaño de blancas ovejas.
Me acordé de Francisco y le dije que había una niño triste que lo estaba buscando sin cesar.
Cuál sería mi alegría al ver detrás de las ovejitas  venía un perro de aguas y un niño vestido de pastorcito, cuando me miró, no pude contener la emoción , él me abrazó fuertemente como un oso amoroso y me dio un saquito lleno de besos para repartir con todos los que se atreven a entrar en mi cúpula verde.

  Esti Rubí



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